En este país, estudiar puede cambiar una vida, pero no todos parten del mismo lugar. ¿Puede la educación romper el ciclo de desigualdad o el origen sigue marcando nuestro destino?
En México, el nivel educativo de los padres sigue siendo uno de los factores que más condicionan las oportunidades de sus hijos.
Solo 6% de los hijos de padres con educación primaria logra llegar a la universidad, mientras que la proporción alcanza 63% entre quienes tienen padres con educación superior.
La diferencia refleja una brecha profunda en la movilidad social y en las oportunidades educativas del país.
Detrás de estas cifras también hay historias de familias que hicieron enormes esfuerzos para que sus hijos pudieran estudiar más allá de lo que ellas mismas tuvieron oportunidad de hacer: padres que no concluyeron la primaria, que enfrentaron empleos precarios, limitaciones económicas o tuvieron que abandonar sus estudios, pero que apostaron por la educación de sus hijos como una vía para construir un futuro distinto.
Sin embargo, el esfuerzo individual no siempre alcanza para compensar las desigualdades de origen.
El lugar donde nacemos, la educación de nuestros padres y las condiciones económicas de nuestra familia pueden marcar, desde el inicio, las posibilidades de llegar a la universidad y acceder a mejores oportunidades.
¿Hasta qué punto la educación permite romper el ciclo de desigualdad en México? ¿Cuánto sigue dependiendo nuestro futuro de la familia en la que nacemos?
La educación puede abrir puertas, pero en México no todos comienzan frente a la misma puerta. Cuando el origen sigue determinando quién llega a la universidad y quién no, la movilidad social deja de ser una promesa y se convierte en un desafío pendiente.R/90
