El refresco Barrilitos, muy popular en México durante los años 80 y 90, tiene una historia que nació en Nuevo León y que, pese a enfrentar fuertes crisis, logró sobrevivir y mantenerse en el gusto de muchas familias.
La bebida fue creada en 1938 por los hermanos Carlos Guajardo y Ricardo Guajardo, fundadores de la empresa familiar Casa Guajardo. Con el paso del tiempo la compañía lanzó varias bebidas, entre ellas Barrilitos, Pep refresco y otras marcas que se volvieron conocidas en el norte del país.
Durante décadas el negocio creció gracias a políticas económicas que protegían a las empresas nacionales. En esos años el refresco incluso formaba parte de la llamada canasta básica y el precio estaba regulado por el gobierno.
Sin embargo, todo cambió con la llegada del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). La apertura del mercado permitió que grandes compañías refresqueras aumentaran su presencia y la empresa de los Guajardo comenzó a perder terreno frente a gigantes como The Coca-Cola Company.
A mediados de los 90 la situación se complicó aún más por la crisis económica de 1995, que provocó una fuerte caída en el consumo de refrescos. Para mantenerse a flote, la empresa lanzó campañas publicitarias dirigidas a los jóvenes y productos económicos como los famosos “Barrilitos junior”.
También cambiaron la fórmula de la bebida al sustituir el azúcar por jarabe de alta fructosa, lo que ayudó a reducir costos. Aun así, la compañía decidió conservar uno de sus sellos característicos: las botellas de vidrio, que mantenían el producto a un precio accesible.
En 1998, la empresa Jugos del Valle compró el negocio de Barrilitos. Años después, cuando Coca-Cola FEMSA adquirió Jugos del Valle, las autoridades de competencia obligaron a vender la marca, que terminó en manos de la empresa Del Fruto, dueña también de bebidas como Chaparritas y Sangría Señorial.
Hoy, Barrilitos sigue presente en México en presentaciones de 500 mililitros, 750 mililitros y 2 litros, y además ha tenido un nuevo impulso en Estados Unidos, donde se vende en estados como Texas y California gracias a una alianza entre The Coca-Cola Company y Arca Continental.
Así, el refresco que nació como un pequeño negocio familiar en Nuevo León continúa vigente décadas después, convertido en un recuerdo nostálgico para muchos y en una marca que se resiste a desaparecer.

