México enfrenta una crisis de desapariciones forzadas que ya no puede considerarse aislada. Expertos de la Organización de las Naciones Unidas advierten que existen presuntos indicios de un patrón generalizado y sistemático, con posibles responsabilidades del Estado por acción, omisión o tolerancia.
La cifra oficial supera las 132 mil personas desaparecidas, lo que podría escalar a la categoría de crímenes de lesa humanidad.
De acuerdo con datos recientes, los estados con mayor número de casos son Jalisco, Tamaulipas, Estado de México, Nuevo León y Veracruz, concentrando buena parte de las denuncias a nivel nacional.
En respuesta, el gobierno ha impulsado acciones como el fortalecimiento de la Comisión Nacional de Búsqueda, la creación de fiscalías especializadas y operativos en campo; sin embargo, colectivos de víctimas denuncian que los avances son insuficientes ante la magnitud del problema y la impunidad persistente.
El especialista Santiago Corcuera advierte que uno de los puntos más delicados es el uso indebido de figuras como detenciones arbitrarias o privaciones ilegales de la libertad por parte de autoridades o con su aquiescencia, lo que encuadra en estándares internacionales de desaparición forzada.
Señala que no basta con detener personas: el Estado debe garantizar su registro, paradero y respeto pleno a sus derechos.
Además, subraya que llevar un caso de este tipo al pleno del Consejo de Derechos Humanos marca un precedente grave para México, al evidenciar fallas estructurales en prevención, investigación y sanción.
Mientras tanto, miles de familias continúan la búsqueda por cuenta propia, en un país donde la ausencia de respuestas oficiales sigue profundizando una de las crisis humanitarias más dolorosas de la actualidad.


