El mole, ese espeso y misterioso “caldo negro” de delicioso sabor que muchos presumen como orgullo nacional, habría nacido —según la versión más aceptada— en los fogones del convento de Santa Rosa, en Puebla, donde monjas del siglo XVII mezclaron, casi por accidente, chiles, especias y cacao para impresionar a un arzobispo, pero hay otra versión más picante: Que los pueblos prehispánicos ya preparaban salsas espesas con chiles y cacao mucho antes de la llegada de los españoles, por lo que el mole sería más viejo que la propia Nueva España.
Hoy, el Estado donde más se consume, prepara y presume es Puebla, seguido muy de cerca por Oaxaca, donde existen más de 7 moles tradicionales y hasta ferias dedicadas solo a probarlos.
Su consumo masivo está documentado desde el siglo XVIII, cuando el platillo ya se servía en fiestas, bautizos y comidas de élite.
Se dice que el mole originalmente era tan caro y tan laborioso que solo se preparaba para personalidades importantes y en algunos pueblos se reservaba para eventos donde “alguien moría o se casaba”, porque no había ocasión más grande para justificar semejante ritual culinario.R/90

