Mientras en Estados Unidos el precio de la gasolina sube y baja como termómetro al sol, en México parece congelado, pero hacia arriba.
Aunque el país compra combustibles a precios internacionales, al consumidor le llegan inflados por impuestos, costos de logística y una política que “amortigua” los golpes, pero rara vez baja el precio cuando el petróleo cae.
¿Un regulador automático? Existe en el discurso: estímulos al IEPS. En la práctica, se activan a medias y casi siempre tarde. Resultado: el automovilista paga más, mes tras mes, sin ver reflejadas las bajas globales.
La pregunta sigue en el aire (y en la bomba): ¿hasta cuándo la gasolina será un lujo cotidiano? R/90
3 de Febrero 2026.
