Cada noche, en sus más de 27 mil sucursales de 146 países, KFC ejecuta un operativo silencioso, pero decisivo: rescatar el pollo que no se vendió para que no termine en la basura.
Desde 1999, la cadena activó su programa Harvest, una red global que ha entregado más de 92 millones de comidas a 4,300 organizaciones que alimentan a comunidades vulnerables.
El proceso es estricto: el pollo fresco que queda al cierre se revisa, se embala bajo normas sanitarias y se envía a bancos de alimentos y comedores comunitarios. Cuando la donación no es posible, el excedente se reutiliza en recetas como el chicken pot pie, un movimiento interno que evita desperdicios y mantiene estándares de calidad.
En algunas sucursales, el pollo del día incluso se rebaja antes del cierre o se comparte entre empleados, siempre con una regla inflexible: tirar comida es el último recurso.
La estrategia, respaldada por Yum! Brands, se ha convertido en ejemplo mundial de economía circular y combate al desperdicio.
Como resumió una gerente de la franquicia: “La comida puede unir, elevar e inspirar cambio”. KFC lo demuestra todos los días.R/90
MT
09/04/2026.
