La rigidez de la frontera entre Estados Unidos y México sigue avanzando con la construcción de nuevos tramos de muro, una estrategia que busca frenar el paso de migrantes, pero que en la práctica podría estar elevando el peligro para quienes intentan cruzar.
El proyecto contempla miles de millones de dólares en inversión para reforzar la seguridad fronteriza, incluyendo estructuras metálicas de gran altura con características diseñadas para dificultar la escalada, como recubrimientos que absorben el calor y aumentan las condiciones extremas en la zona.
Sin embargo, estas medidas no han logrado detener el flujo migratorio. Por el contrario, al hacer más difícil el cruce, obligan a miles de personas a buscar rutas cada vez más peligrosas, exponiéndolas a condiciones extremas, accidentes y redes delictivas.
La historia se repite: cada vez que se refuerzan los controles, la migración se transforma, pero no desaparece. Las restricciones más severas solo provocan que los migrantes queden varados en ciudades fronterizas o que intenten cruzar por zonas de alto riesgo.
Aunque los gobiernos argumentan la necesidad de proteger su soberanía y garantizar la seguridad, la realidad es que miles de personas continúan arriesgándolo todo impulsadas por la búsqueda de una mejor vida.
Hoy, el mensaje parece claro: mientras más altos y complejos sean los muros, más peligrosas se vuelven las rutas. Y aun así, el flujo no se detiene.R/90
Josué Javier Hernández
