Datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revelan un cambio silencioso en la vida sentimental del país: cada vez hay menos personas casadas y más mexicanos que permanecen solteros.
Sin embargo, al parecer el giro no es precisamente sinónimo de bienestar. Las cifras apuntan a que quienes viven en pareja reportan mayores niveles de satisfacción personal que quienes están en soltería, aunque cada uno tiene su percepción y opinión muy personal.
Hoy muchos jóvenes están eligiendo la soltería no necesariamente por rechazo al amor, sino por cambios culturales, económicos y personales. No es que ya no quieran pareja: están priorizando otras cosas, como: Independencia personal, Valoran construir su identidad, carrera y estabilidad emocional antes de comprometerse. La idea de “primero yo” pesa más que en generaciones anteriores, Economía incierta, Vivienda cara, empleos inestables y salarios ajustados hacen que formar pareja o familia parezca una carga financiera adicional. Hay nuevas prioridades: Viajar, estudiar, emprender o explorar proyectos personales compite directamente con el tiempo que exige una relación seria.
Cambios culturales, ya no existe la misma presión social por casarse joven. La soltería dejó de verse como fracaso y ahora se percibe como una etapa válida, Experiencias amorosas previas, Divorcios familiares o relaciones conflictivas cercanas hacen que algunos jóvenes sean más cautelosos, Impacto digital: Las redes y apps amplían opciones, pero también fomentan vínculos más superficiales o la sensación de que “siempre hay algo mejor”.
En el fondo, no es que el amor haya perdido valor, sólo cambió el momento en que muchos quieren vivirlo.
El fenómeno enciende el debate sobre nuevas prioridades, estilos de vida y el impacto emocional de una sociedad que ha cambiado. R/90
