Cada enero, millones de “monitos” escondidos en la rosca de Reyes terminan donde nadie los ve: en la basura. Tan solo estas diminutas figuras representan alrededor de 17 toneladas de plástico que se desechan anualmente en México, un impacto ambiental que pasa desapercibido entre celebraciones y tamales.
Organizaciones ambientalistas advierten que este residuo no es reciclable en la mayoría de los casos y tarda décadas en degradarse, por lo que llaman a buscar alternativas biodegradables o simbólicas para no seguir llenando rellenos sanitarios con tradición, pero también con contaminación.R/90
