En países como Islandia, Dinamarca y Suecia no existe un salario mínimo legal, y lejos de ser un vacío del Estado, es la prueba de uno de los modelos laborales más fuertes del planeta. La clave: sindicatos poderosos y convenios colectivos que cubren casi todo el empleo.
A diferencia de países como Colombia —donde hoy hay choque entre empresarios (7,21%) y sindicatos (16%) por el aumento del salario mínimo 2026—, en las naciones nórdicas el piso salarial no lo impone el Gobierno, sino acuerdos sectoriales entre trabajadores y empleadores.
Con niveles de sindicalización del 60% al 90%, los convenios colectivos fijan salarios, jornadas, vacaciones, estabilidad laboral y protección social. El resultado es un salario mínimo “de hecho”, adaptado a cada actividad económica y nivel de experiencia, sin una cifra única por ley.
En Islandia, más del 90% de los trabajadores está sindicalizado y los convenios establecen salarios base que, en 2025, rondan las 455 mil coronas islandesas mensuales.
En Dinamarca, el 80% del empleo está cubierto por convenios y opera el famoso modelo de flexiseguridad: facilidad para contratar y despedir, pero con fuertes subsidios de desempleo y un Estado de bienestar financiado por altos impuestos.
En Suecia, no hay salario mínimo legal, pero sí mínimos salariales por convenio, que evitan ampliar la brecha entre ingresos altos y bajos.
Expertos coinciden: cuando los sindicatos son fuertes, el salario mínimo legal no es necesario. Cuando son débiles, se convierte en la única barrera contra la precarización. Por eso, poner a los países nórdicos como ejemplo de “menos Estado” es engañoso: ahí, el Estado, los sindicatos y los empleadores mandan juntos desde hace más de un siglo.
Viernes 19 de diciembre 2025.
