En Monterrey y su zona metropolitana, hablar “a la regia” no es solo costumbre, es identidad. Aquí no se pide refresco, se pide soda; no se pide un bolillo sino un francés, se suelta un güerco bien marcado, y palabras como ¡arre! , jalado «te la bañas», o «con madre», forman parte del día a día.
Este estilo tan particular viene desde finales del siglo XIX y principios del XX, cuando la región recibió fuerte influencia de Estados Unidos por su cercanía con Texas.
El intercambio comercial, la migración y la cultura fronteriza fueron moldeando un lenguaje único que mezcla español con anglicismos y giros propios del norte.
Con el paso del tiempo, estos modismos se volvieron sello distintivo de los regios, reforzados por su cultura trabajadora, su humor directo y su orgullo local. Hoy, más que “hablar raro”, es una forma de reconocernos entre paisanos y de paso, sacar de onda a medio país.R/90
