El Día del Niño se celebra cada 30 de abril en México desde 1924, cuando fue impulsado durante el gobierno de Álvaro Obregón y con el respaldo de José Vasconcelos, como parte de un esfuerzo por reconocer los derechos de la infancia tras la Primera Guerra Mundial.
Hoy, los niños representan el futuro de México, pero la realidad es desigual. Mientras algunos destacan en las aulas por su talento y dedicación, millones enfrentan contextos adversos. De acuerdo con cifras oficiales, una parte significativa de la niñez vive en condiciones de pobreza, lo que limita su acceso a educación, salud y oportunidades.
Además, miles de menores sufren violencia o abandono dentro de sus propios hogares. El maltrato infantil —físico, psicológico o por negligencia— sigue siendo un problema silencioso. Muchos casos no se denuncian, ya sea por miedo, desconocimiento o normalización de estas conductas en entornos familiares disfuncionales.
También existen niños que crecen sin el cuidado de sus padres, ya sea por abandono, migración o desintegración familiar, quedando en resguardo de instituciones o familiares lejanos, lo que impacta su desarrollo emocional.
En medio de este panorama, el Día del Niño no solo es una fecha de celebración, sino un recordatorio urgente: proteger, educar y garantizar una infancia digna no es opcional, es una deuda pendiente con el país. Porque en cada niño, está el México que viene.R/90
