Mientras otros países ya están haciendo negocio con las baterías que llegan al final de su vida útil, México aún está en la etapa de construir su industria de vehículos eléctricos y baterías.
Pero la oportunidad no está sólo en fabricar: también está en recuperar litio, níquel, cobalto, cobre y otros materiales antes de que terminen como residuos. Para convertirse en una potencia del reciclaje, México necesitaría anticiparse con una regulación específica, sistemas de recolección y trazabilidad, infraestructura de reciclaje y una cadena industrial capaz de aprovechar los materiales recuperados.
La ventaja es estratégica: un país que fabrique baterías y, al mismo tiempo, pueda reciclarlas al final de su vida útil tendría una cadena de valor mucho más completa y menos dependiente de materias primas importadas.
El reto es empezar antes de que llegue la primera gran ola de baterías usadas. El reciclaje no debería ser una consecuencia de la industria de baterías en México, sino parte de su diseño desde el principio.R/90
