Las altas temperaturas no solo provocan incomodidad: también pueden representar un serio riesgo para la salud.
Aunque el cuerpo cuenta con mecanismos como la sudoración y la regulación de la temperatura, la exposición prolongada al calor puede provocar deshidratación, agotamiento, mareos e incluso graves síntomas.
Personas con enfermedades del corazón, diabetes, problemas respiratorios o renales pueden ser más vulnerables durante una ola de calor.
Algunos medicamentos también pueden afectar la capacidad del organismo para regular su temperatura.
Para prevenir complicaciones, los especialistas recomiendan mantenerse hidratado, evitar la exposición al sol durante las horas más intensas, utilizar ropa ligera y buscar lugares frescos o con sombra.
Reconocer síntomas como mareos, náuseas, cansancio extremo, piel muy caliente o dificultad para respirar puede ser clave para actuar a tiempo.
El calor extremo tiene límites y prevenir sus efectos puede evitar una emergencia.R/90
