México entra al cierre de 2025 con un crecimiento económico que da pena: apenas 0.2%. El país se hunde entre falta de inversión privada, inflación que aprieta y una sensación generalizada de inseguridad que no cede. La confianza empresarial está por los suelos; temen más impuestos, más violencia y menos garantías.
Mientras tanto, en Nuevo León la cosa no pinta mejor: el gobierno estatal pretende sacarles más lana a empresarios y contribuyentes para tapar los hoyos de obras costosas y cumplir caprichos rumbo al Mundial.
El tesorero Carlos Garza insiste en endeudar más al Estado y subir el Impuesto Sobre Nómina, aunque sabe que el Congreso y la IP ya están encendidos.
Si nada cambia, diciembre traerá menos brillo y la cuesta de enero podría sentirse como un muro. México no sólo no crece, se achica.
