Para finales de marzo comenzarán en 17 estados del país los estudios de opinión encargados a tres casas encuestadoras, cuyos resultados se darán a conocer en junio, justo cuando la atención pública esté concentrada en el Mundial de la FIFA.
La estrategia busca definir el género de las candidaturas en cada entidad. Por ejemplo, si en Chihuahua las encuestas colocan a la senadora Andrea Chávez como la aspirante más competitiva, Morena optaría por postular a una mujer en ese Estado. Bajo la misma lógica, en Nuevo León podría decidirse que la candidatura a la gubernatura sea para un hombre, con el objetivo de equilibrar la paridad de género.
Sin embargo, esta versión ha comenzado a circular entre aspirantes varones como Andrés Mijes o Waldo Fernández, quienes quedarían fuera si el partido determina que en Nuevo León la candidatura debe ser femenina.
En ese escenario, la competencia quedaría entre figuras como Tatiana Clouthier, Clara Luz Flores y Judith Díaz, quienes tendrían que medirse también mediante encuestas para definir a la abanderada.
Todo esto ocurre mientras Morena está obligado por ley a cumplir con la paridad, lo que implica que al menos ocho —o incluso nueve— Estados deberán ser encabezados por candidatas mujeres.
En los hechos, el proceso ya abrió la puerta a campañas adelantadas. En Nuevo León, por ejemplo, desde el gobierno estatal se multiplican los eventos donde aparecen figuras con aspiraciones políticas, como Mariana Rodríguez o el propio Luis Donaldo Colosio, nombres que mantienen fuerte presencia en la opinión pública.
Mientras tanto, al interior de Morena el ambiente comienza a calentarse. La disputa entre aspirantes amenaza con dividir al partido entre bandos, en una batalla política que recuerda más a un espectáculo de lucha libre: rudos contra técnicos, aliados contra adversarios.
La incógnita es cómo terminará esta pelea interna. Muchos podrían quedar en el camino, golpeados políticamente o resentidos con su propio partido, mientras los aliados como el Partido Verde o el PT observan desde la barrera, sabiendo que al final las negociaciones suelen resolverse con acuerdos y posiciones.
A término, el proceso podría convertirse en una victoria costosa para Morena: aun ganando candidaturas o elecciones, las heridas internas podrían pasar factura. Una jugada que, – advierten algunos dentro del propio partido-, podría terminar siendo un auténtico tiro en el pie.R/90
