En México, ser madre también significa enfrentar jornadas dobles y hasta triples de trabajo. Mientras millones de mujeres participan en el mercado laboral para sostener a sus familias, la mayoría continúa realizando tareas domésticas y de cuidado sin recibir remuneración, situación que refleja una fuerte desigualdad económica y social.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), casi la mitad de las madres trabajadoras percibe apenas un salario mínimo, pese a que muchas laboran más de 48 horas a la semana en empleos formales e informales. A esto se suma el tiempo dedicado al cuidado de hijos, adultos mayores y labores del hogar.
Especialistas señalan que las madres mexicanas destinan varias horas diarias a actividades no pagadas como cocinar, limpiar, lavar ropa o apoyar en tareas escolares, responsabilidades que limitan sus oportunidades de crecimiento profesional y acceso a mejores ingresos.
El INEGI también reportó que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representó cerca del 24 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional durante 2024, una cifra que evidencia el enorme peso económico de estas actividades que históricamente han recaído principalmente en las mujeres.
Además, muchas madres enfrentan condiciones laborales precarias, falta de seguridad social y dificultades para acceder a guarderías o empleos con horarios flexibles.
En Estados del sur y centro del país, las brechas salariales suelen ser aún mayores.
Organizaciones civiles han advertido que, aunque las mujeres sostienen gran parte de la economía familiar y del trabajo de cuidados, todavía persisten obstáculos para lograr igualdad salarial y mejores condiciones laborales.
En el marco del Día de las Madres, expertos consideran urgente impulsar políticas públicas que garanticen salarios dignos, acceso a servicios de cuidado infantil y una distribución más equitativa de las responsabilidades del hogar. R/90
