Lo que empieza como simple basura puede terminar convertido en un pequeño tesoro natural. Los vidrios que son arrojados al mar —botellas, frascos o pedazos rotos— pasan por un proceso sorprendente: con el tiempo, las olas, la arena y la sal los pulen hasta transformarlos en fragmentos suaves, opacos y de colores llamativos.
Este fenómeno da origen al llamado “vidrio de mar”, piezas que parecen piedras preciosas por su textura y tonos verdes, azules o ámbar. Aunque el resultado es visualmente atractivo, especialistas advierten que no deja de ser contaminación transformada, ya que el proceso puede tardar décadas.
En playas de todo el mundo, estos pequeños “tesoros” son recolectados por curiosos y artesanos, pero detrás de su belleza hay una realidad incómoda: cada fragmento comenzó como un desecho humano que terminó en el océano.R/90
