– Chihuahua, Nuevo León y Querétaro, siguen siendo las codiciadas joyas de la corona.
No, el 2027 no pinta para ser “una elección más”. Esto ya parece final de temporada: cambian el guion o seguimos viendo el mismo circo con distintos protagonistas.
Aquí el asunto no va de caras nuevas, slogans pegajosos o campañas con dron y música épica. Va de algo más incómodo: si la gente está dispuesta a dejar de aplaudir la política del pleito eterno, la simulación elegante y el espectáculo disfrazado de gobierno, porque Nuevo León no está corto de talento, está atorado en algo peor: la falta de dirección.
Cuando los políticos se dedican más a pelear que a gobernar, lo que se rompe no es una relación, es la gobernabilidad. Y sin eso, ni el dinero salva, ni los discursos alcanzan.
¡Ojo! , aquí nadie se lava las manos. Durante años, la ciudadanía ha sido cliente frecuente de este show. Se consume el drama, se comparte el escándalo y se normaliza el desastre. Mientras haya público, la función sigue.
El 2027 debería ser otra cosa. Un punto de quiebre. Una sacudida. La oportunidad de decidir si queremos líderes que hablen bonito, o que resuelvan problemas. Si preferimos el pleito, o los acuerdos.
Al final, la pregunta es sencilla, aunque incómoda: ¿vamos a seguir comprando boleto, o ya toca cambiar la función? R/90
