El oficio de la pastelería llegó a Nuevo León de la mano de la influencia europea, principalmente francesa, durante el siglo XIX. Con la expansión industrial y comercial de Monterrey, inmigrantes y técnicos extranjeros trajeron consigo técnicas de repostería más refinadas, que pronto se mezclaron con los sabores locales.
Panaderías tradicionales comenzaron a evolucionar, incorporando pasteles, cremas y decoraciones que antes no eran comunes en la región. Con el paso del tiempo, familias regiomontanas adoptaron el oficio, perfeccionándolo y transmitiéndolo de generación en generación.
Hoy, la pastelería en Nuevo León no solo es parte de la vida cotidiana, también es un símbolo de celebración y negocio en crecimiento, donde tradición e innovación se hornean todos los días.R/90

