La caravana “Sueño Sin Fronteras” salió de Tapachula, Chiapas, hacia el centro y norte de México.
Está integrada por alrededor de 800 migrantes, muchos de ellos deportados de Estados Unidos durante la administración de Donald Trump.
Predominan venezolanos, cubanos y haitianos, aunque también participan hondureños y personas de otros países latinoamericanos.
No son principalmente mexicanos.
¿Qué aportarán a México?
Principalmente mano de obra y consumo. Muchos buscan emplearse en construcción, servicios, manufactura, agricultura o atención bilingüe. Algunos ya tienen experiencia laboral en EE.UU. y dominio del inglés, lo que puede ser valioso para empresas mexicanas.
¿Qué harán en México? Muchos quieren regularizar su situación migratoria, conseguir trabajo y establecerse.
Otros pretenden llegar al norte —por ejemplo Monterrey— donde consideran que hay mejores oportunidades laborales.
El problema: actualmente muchos están varados en Chiapas porque no tienen documentos que les permitan trabajar formalmente, por eso la caravana busca llegar a la Ciudad de México para resolver sus trámites ante la Comar y buscar oportunidades.
En términos económicos: México puede obtener trabajadores jóvenes, consumidores y personas con experiencia adquirida en EE.UU.; pero para que ese potencial se convierta en beneficio real, necesitan estatus legal y acceso formal al empleo.
De lo contrario, aumenta el riesgo de informalidad, precariedad y presión sobre servicios públicos.R/90
