En prácticamente cualquier ciudad de México es posible encontrar una paletería llamada “La Michoacana”.
Su nombre es tan popular que forma parte de la cultura cotidiana del país, pero detrás de su enorme presencia existe una historia poco común: en México no hay una sola persona o empresa que controle de manera exclusiva ese nombre.
El origen se remonta a la década de 1940 en Tocumbo, Michoacán. La tradición paletera comenzó a crecer cuando habitantes de la comunidad empezaron a elaborar y vender paletas y helados, aprovechando, entre otros recursos, la disponibilidad de leche que había en la región.
Uno de los primeros impulsores fue Rafael Malfavón Villanueva, quien comenzó a vender paletas en Tocumbo en 1942. El modelo rápidamente llamó la atención y otros habitantes del municipio comenzaron a replicarlo en diferentes ciudades del país.
La expansión se produjo principalmente mediante redes familiares y de paisanos. Muchas personas recibían apoyo para abrir sus propios establecimientos y utilizaban el nombre “La Michoacana”, pero sin contratos de franquicia ni una estructura empresarial que estableciera quién podía utilizarlo.
Con los años, el nombre dejó de identificar a un solo negocio y comenzó a utilizarse de manera general para referirse a este tipo de paleterías. Por ello, distintos intentos de obtener derechos exclusivos sobre la denominación han enfrentado dificultades ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI).
El caso se volvió todavía más complejo con la popularización de la imagen conocida como “la guarecita”, una niña indígena que comenzó a utilizarse como elemento visual en numerosas paleterías.
Aunque hubo esfuerzos por organizar y unificar el concepto mediante proyectos como La Tocumbita, no fue posible concentrar bajo una sola empresa a todos los establecimientos que utilizaban el nombre.
Actualmente existen miles de negocios que emplean “La Michoacana” o nombres similares, aunque no todos pertenecen a una misma cadena ni ofrecen exactamente los mismos productos. Incluso pueden existir diferencias importantes en precios, recetas, proveedores e imagen.
El fenómeno también cruzó las fronteras. En Estados Unidos y otros países surgieron negocios que adoptaron el nombre y variantes de “La Michoacana”, especialmente en comunidades mexicanas y latinoamericanas.
La historia de esta popular paletería es un ejemplo de cómo un nombre comercial puede crecer hasta convertirse en una referencia cultural. Lo que comenzó como una tradición local de Tocumbo terminó replicándose durante décadas hasta convertirse en uno de los nombres más reconocibles de las paleterías mexicanas.
Más que una cadena tradicional, “La Michoacana” terminó siendo un nombre asociado por millones de personas con paletas, helados y aguas frescas, pero sin un único propietario que controle todos los establecimientos que lo utilizan.R/90

