TÉCNICOS Y RUDOS

¡QUE EMPIECE LA FUNCIÓN!, MÁSCARAS QUE CONQUISTARON A MÉXICO Y CONVIRTIERON LA LUCHA LIBRE EN FIESTA NACIONAL

Hay sonidos que forman parte de la memoria colectiva de México: el grito de una multitud y ese clásico “¡dos de tres caídas, sin límite de tiempo!” que anuncia que la función está por comenzar.

Este 21 de septiembre se recuerda una fecha fundamental para la historia de la lucha libre mexicana: el inicio formal, en 1933, de la empresa que dio origen a una tradición que durante décadas ha llenado arenas, despertado pasiones y convertido a los luchadores en verdaderos ídolos populares.

La referencia histórica sobre la Arena México actual —inaugurada en 1956 y convertida en uno de los grandes escenarios de la lucha libre— por cierto, documentada por la Lotería Nacional y el CMLL.

Y si hay un elemento capaz de resumir la magia de este espectáculo, es la máscara.

Coloridas, misteriosas, imponentes y llenas de personalidad, las máscaras transformaron a los luchadores en personajes capaces de vivir dentro y fuera del cuadrilátero. El Santo, Blue Demon, Mil Máscaras, Atlantis, Rey Misterio y tantos otros hicieron de ellas una parte inseparable de la identidad de la lucha libre mexicana, pero detrás de cada máscara también hay una historia. Hay orgullo, tradición, rivalidad y ese misterio que hace que el público quiera saber quién está detrás de ella, aunque muchas veces prefiera que el secreto permanezca intacto.

DE LA ARENA A FIESTA FAMILIAR

Ir a la lucha libre nunca ha sido solamente sentarse a ver un encuentro de poder a poder.

Es llegar a la arena y encontrarse con vendedores ofreciendo tortas, semillas, refrescos, dulces y toda clase de antojitos. Es escuchar a los aficionados discutir quién es el mejor, ver a los niños emocionados con sus máscaras y camisetas, y a los adultos recordar a aquellos ídolos que marcaron su infancia.

Para muchas familias, una función se convierte en auténtica fiesta. Los niños aprenden rápidamente la diferencia entre técnicos y rudos; los papás reviven sus recuerdos y los abuelos cuentan historias de aquellos luchadores que alguna vez hicieron vibrar las mismas butacas.

La lucha libre logró algo muy mexicano: convertir el deporte, el espectáculo, el humor, la rivalidad y la convivencia popular en una sola experiencia.

Y ahí está buena parte de su encanto.

TÉCNICOS Y RUDOS, LAS MÁSCARAS INOLVIDABLES

¿Quién no ha tenido alguna vez un luchador favorito?

El Santo, con su legendaria máscara plateada; Blue Demon, con su inconfundible antifaz azul; Mil Máscaras, con su espectacular presencia; Atlantis, Rey Misterio y muchas otras figuras que han construido páginas inolvidables del pancracio.

Algunos fueron técnicos, otros rudos. Unos hicieron historia con sus máscaras y otros con sus cabelleras, como el querubín Héctor Garza y don Pedro Aguayo Damián (qepd), pero todos entendieron algo fundamental: el público también forma parte del espectáculo, porque una lucha sin aficionados no sería lo mismo.

Son ellos quienes gritan, abuchean, aplauden, se emocionan y defienden a su ídolo como si estuvieran dentro del cuadrilátero.

LOS QUE YA NO ESTÁN, PERO SIGUEN EN LA MEMORIA DE LOS AFICIONADOS

Y cuando se habla de lucha libre también hay que recordar a los grandes ídolos que ya partieron. Se fueron del cuadrilátero, pero nunca de la memoria, porque mientras una máscara siga brillando bajo las luces y un niño grite desde las butacas el nombre de su luchador favorito, aquellos grandes gladiadores seguirán teniendo una función pendiente en el corazón de México.

La lucha libre mexicana no es solamente un deporte espectáculo. Es identidad, recuerdos, tradición y fiesta. Es la máscara que un niño se pone para sentirse invencible, el grito de una madre desde gradas, el abuelo que todavía recuerda aquella lucha de hace décadas y la familia que sale de la arena comentando quién ganó, quién hizo trampa y quién merece la revancha.

Y quizá por eso, generación tras generación, México sigue esperando que empiece la función y escuchando: “¡Lucharán a 2 de 3 caídas, sin límite de tiempo!”… R/90