El norte de México se ha convertido en una de las grandes locomotoras económicas del país. Mientras buena parte del territorio enfrenta problemas de crecimiento, empleo e inversión, entidades como Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, Baja California y Tamaulipas han logrado consolidarse como polos industriales, manufactureros y de exportación.
La llegada de nuevas empresas, parques industriales, inversiones extranjeras y el fenómeno del nearshoring han transformado la realidad de esta región. Ciudades del norte concentran fábricas, tecnología, infraestructura, empleos mejor remunerados y una intensa actividad comercial que contrasta con otras zonas del país donde el desarrollo avanza a un ritmo mucho más lento.
Las diferencias son tan evidentes que, para muchos, pareciera que existen dos Méxicos: uno que produce, exporta, construye y atrae capitales, y otro que continúa luchando contra el rezago, la pobreza, la falta de infraestructura y la escasez de oportunidades.
Sin embargo, el éxito del norte también representa un enorme desafío. La falta de agua, la presión sobre las carreteras y la movilidad, la necesidad de energía suficiente, vivienda y mano de obra especializada podrían convertirse en obstáculos para mantener el ritmo de crecimiento.
El norte mexicano hoy presume una realidad que parece distinta a la del resto del país: más industria, más inversión y mayores oportunidades, pero mantener esa ventaja será la verdadera batalla. El norte ya demostró que puede ser el motor de México; ahora tendrá que evitar que la falta de infraestructura termine apagando una de las regiones más competitivas del país.R/90
