Cada vez más personas hacen números, revisan opciones y terminan posponiendo la compra de vivienda. Lo que antes era una meta clara hoy se convierte en una decisión incierta, marcada por un entorno financiero complicado.
El problema tiene dos raíces: el encarecimiento de los inmuebles y el alto costo del crédito. Durante 2025, los precios de las viviendas crecieron muy por encima de la inflación —hasta 11.2% en el segmento social— mientras que las tasas hipotecarias se mantuvieron elevadas, alrededor de 10.2%. Esto provoca que adquirir una casa no solo sea más caro, sino también más difícil de financiar.
El impacto ya se refleja en el mercado. El crédito hipotecario cayó en monto y número. Las familias han comenzado a ajustar sus aspiraciones. Quien antes buscaba una vivienda de mayor valor, ahora opta por opciones más accesibles o simplemente decide esperar.
La desconfianza en el sector va en aumento. Según datos de BBVA, la percepción sobre la compra de vivienda se desplomó 10.1% a finales de 2025, casi el doble de la caída en la confianza general del país. Este deterioro apunta a un enfriamiento prolongado en la demanda.
Aunque la construcción muestra señales de recuperación y hay más casas disponibles, eso no se traduce en más compras. La razón es clara: hay oferta, pero falta capacidad y seguridad financiera en los hogares.
El empleo crece, pero no al ritmo suficiente ni de forma uniforme. Los sectores con menores ingresos siguen siendo los más afectados, lo que limita el acceso a vivienda y mantiene la presión sobre el mercado.
En resumen, comprar casa en México ya no es solo cuestión de querer: es una decisión cada vez más difícil de sostener.R/90
