La industria de la comida chatarra encontró un nuevo mercado mucho más rentable que los niños: los adultos nostálgicos. Dulces, frituras y bebidas que marcaron la infancia de generaciones enteras ahora regresan con fuerza gracias al deseo de revivir recuerdos de los años 80, 90 y principios de los 2000.
Productos como los Boing “de a cuartito”, los Totis, las Cachetadas o los Selz Soda volvieron a ganar popularidad, pero ya no entre estudiantes, sino entre personas de 30 y 40 años que crecieron consumiéndolos afuera de la escuela o en las tienditas del barrio.
Los adultos representan actualmente hasta el 80% de las ganancias de muchas dulcerías. El fenómeno está impulsado por la nostalgia, ya que muchos consumidores buscan reconectar con momentos felices de su infancia a través del sabor.
El auge de lo “retro” también ha beneficiado a tiendas y plataformas que ahora venden secciones completas de dulces clásicos mexicanos.
Mientras las nuevas generaciones muestran más interés por hábitos saludables y reducen el consumo de azúcar, las marcas encontraron en los adultos un nicho dispuesto a seguir comprando estas “chucherías” por el valor emocional que representan.
Aunque el consumo de ultraprocesados sigue relacionado con problemas como obesidad y diabetes, la nostalgia se ha convertido en una poderosa herramienta de marketing capaz de mantener viva la industria de los dulces y botanas en México.R/90


