Aunque parezca increíble, la llamada “sangre buena” que sobra tras un análisis clínico no se guarda ni se reutiliza: termina desechada como residuo biológico.
Los laboratorios solo utilizan lo necesario para los estudios y el resto, tras un breve resguardo por posibles pruebas extra, se elimina bajo estrictas normas sanitarias.
Nada de transfusiones ni “aprovechamiento secreto”: esa sangre, aunque esté sana, no cumple con los protocolos de donación. En algunos casos, puede servir para control de calidad o investigación, pero fuera de eso, su destino final es claro: la basura médica.R/90
