Una decisión judicial está sacudiendo las reglas del trabajo y poniendo sobre la mesa un tema incómodo: las adicciones.
Lo que antes era motivo casi automático de despido, hoy comienza a tratarse como un problema de salud.
Un tribunal laboral determinó que la farmacodependencia debe considerarse una enfermedad, lo que cambia por completo el enfoque. Esto significa que, si una persona se ausenta por esta causa, la empresa no puede despedirla sin más. En lugar de castigar, ahora se debe priorizar la rehabilitación.
El criterio establece que los empleadores pueden suspender temporalmente la relación laboral mientras el trabajador recibe tratamiento, pero no rescindir el contrato por su condición.
La línea es clara: no es lo mismo sancionar a alguien por trabajar bajo los efectos de sustancias que despedirlo por padecer una adicción.
Este cambio también abre la puerta a que algunos despidos sean considerados discriminatorios, sobre todo si no hay un impacto directo en el desempeño laboral.
El problema es que muchas empresas no están listas. Siguen operando bajo esquemas rígidos, sin protocolos ni capacitación para enfrentar una realidad que va en aumento. El consumo de sustancias ha crecido en la población trabajadora y ya impacta en productividad, ausentismo y accidentes.
Así, la nueva postura no solo modifica una regla laboral: expone una verdad incómoda.
Las adicciones ya no pueden esconderse bajo sanciones, y obligan a las empresas a cambiar, o quedarse atrás.R/90
