– NO TODO LO QUE BRILLA EN REDES ES LIDERAZGO: DETRÁS DE LA POLÍTICA ESPECTÁCULO EXISTE UNA INDUSTRIA QUE CONVIERTE IMAGEN EN PODER
En una democracia, los medios de comunicación tienen una responsabilidad fundamental: investigar, cuestionar y poner bajo la lupa a quienes ejercen el poder.
En Nuevo León existen periodistas y medios que cumplen esa tarea con seriedad. Pero también hay una zona mucho más incómoda de la conversación pública: aquella donde la exposición, la publicidad, las filtraciones, las relaciones personales y los intereses políticos o empresariales pueden terminar influyendo en quién ocupa los reflectores.
Así comienza la fabricación de personajes.
Un político aparece todos los días, sus declaraciones se convierten en noticia, una encuesta lo coloca arriba, las redes amplifican su imagen y, poco a poco, se instala la percepción de que se trata de un liderazgo inevitable.
¿Pero qué hay detrás de esa popularidad?
Porque una cosa es tener presencia y otra muy distinta tener resultados.
Las redes sociales han convertido la política en un enorme escaparate. Un video cuidadosamente producido puede proyectar cercanía; una fotografía puede vender liderazgo; miles de interacciones pueden aparentar respaldo ciudadano y una campaña digital puede presentar un anuncio como si fuera una obra terminada.
Pero un Estado no se gobierna con likes, videos ni fotografías.
Se gobierna con presupuesto, servicios públicos, infraestructura, seguridad, transparencia, decisiones y resultados que puedan ser comprobados.
EL NEGOCIO DE LA CONFRONTACIÓN
Y mientras los personajes se multiplican, también crece otra industria: la del conflicto permanente.
Consultores que convierten tropiezos en narrativas favorables, encuestas que ayudan a posicionar nombres, operadores que saltan de un partido a otro y actores políticos que encuentran en la confrontación una manera permanente de mantenerse vigentes.
El espectáculo puede ser rentable.
Mientras el gobernador responsabiliza al Congreso y este responde culpando al gobernador, el ciudadano observa una pelea interminable.
Los partidos se acusan públicamente, también pueden existir negociaciones y acuerdos que rara vez ocupan los mismos titulares.
La política se convierte entonces en una función permanente: mucho ruido, múltiples acusaciones y poca claridad sobre quién debe responder por los resultados.
¿QUIÉN GANA CON EL CAOS?
La pregunta incómoda es precisamente esa.
Porque cuando la discusión pública se concentra en personajes, pleitos y escándalos, los problemas de fondo pueden quedar relegados.
La ciudadanía termina discutiendo quién dijo qué, quién apareció en determinado video, quién encabeza una encuesta o quién tiene más seguidores, mientras asuntos como presupuesto, movilidad, seguridad, agua, salud, infraestructura y calidad de los servicios públicos pasan a segundo plano.
El peligro no está en que existan políticos con buena imagen. El problema aparece cuando la imagen sustituye a los resultados.
Y tampoco se trata de afirmar que toda encuesta, toda campaña digital o todo contenido periodístico sea manipulación. El problema surge cuando la exposición pública deja de ser consecuencia de una trayectoria y comienza a convertirse en una herramienta para fabricar una trayectoria.
Nuevo León no necesita más personajes fabricados en estudios de comunicación ni liderazgos sostenidos únicamente por campañas de imagen.
Necesita ciudadanos capaces de distinguir entre publicidad y resultados, popularidad y capacidad, discurso y hechos, porque detrás de cada video puede haber una estrategia; detrás de cada encuesta, una metodología que debe conocerse; detrás de cada escándalo, intereses que conviene investigar.
El verdadero poder de una sociedad no está en elegir al personaje que más aparece, sino en exigir cuentas a quienes realmente toman las decisiones.
Y si la política se convirtió en espectáculo, quizá llegó el momento de apagar un poco las luces, bajar el volumen de la propaganda y preguntar lo esencial:
¿Quién gobierna, qué está haciendo y quién va a responder por los resultados? R/90
